Llegué hace 2 días a España, casi todas las cosas siguen como las dejé. Sin embargo la semana que viene tengo una boda, así que me fui a intentar comprar unos zapatos para el evento. Para apoyar al pequeño comercio me fui a ver 2 zapaterías del barrio.
En la primera no tenían ningún zapato elegante que fuese un 46, decía el señor de la tienda que es un número que no se vende. ¿Será que no se vende porque no lo tienen? Aún así me hizo probarme dos zapatos, un 44 y un 47. No compré.
En la segunda tenían sólo un par de zapatos del 46, eso sí se veía que no eran de esta temporada, seguramente era stock acumulado porque tenían pinta casi de usados. La chica insistía en que me podía traer otro modelo de "la otra tienda" en 3 minutos. Le dije que no, que ya miraría en otros sitios.
Por supuesto el único cliente que vi en las tiendas mientras estaba dentro era yo y me fui sin comprar nada.
Tras esta experiencia supongo que iré a comprar a un centro comercial grande donde pueda probarme más de un par de zapatos.
Después de salir de la segunda zapatería me acordé de una pastelería que hay en el barrio con unos bollos cojonudos, fui allí y donde antes trabajaban 2 chicas españolas tras el mostrador, ahora hay 2 chicas sudamericanas. Compré 2 palmeras de chocolate, una palmera hace exactamente 12 meses costaba 90 céntimos (150 pesetas), ahora costaba 1,30 euros (216,3 pesetas). Bajada de salarios para los nuevos empleados y encarecimiento del producto, más beneficios para este empresaurio.
Además viví una extraña escena, pongo en antecedentes, cuando bajé del avión el martes sólo tenía billetes de euro, el único pago que había hecho era meter en una máquina de un parking un billete de 20 euros para pagar el recibo del parking por el importe de 1 euro. Me devolvió todo en monedas, 19 euros en monedas de 2 euros y 2 monedas de 50 céntimos.
Al pagar las dos palmeras (2,60 euros) le di una moneda de 2 euros y las 2 monedas de 50 céntimos, la chica me devolvió 10 céntimos. Le dije que el cambio estaba mal y me dijo que estaba segura de que le había dado una moneda de 50 y otra de 20, insistí en que no y la chica me miró con ojos temerosos diciendo que estaba segura. Me fui de allí sin montar un lío por 20 céntimos pero creo que la próxima palmera se la va a comprar en esa tienda su p*** madre.
De momento esto es todo, casi estoy recuperado del
jet lag.