Esta semana el curso ha dado para pocas anécdotas, hemos currado bastante con las prácticas y le hemos dado duro al directorio activo.
Los partidos de fútbol y baloncesto (sí, y además jugué) sin incidencias, así que he pensado que voy a contar una mini-historia que me sucedió una vez que me fui de viaje a .. pongamos ... Murcia.
El caso es que me fui a un viaje de 4 días con una chica, era verano, no teníamos nada mejor que hacer, bueno, yo podría haberme quedado estudiando, que no me hubiera venido mal, como luego en septiembre se demostró, eso sí, comparando planes ... cualquiera hubiera hecho lo mismo.
No estaba muy seguro de cómo iba a resultar el viaje, porque 4 días viendo a la misma persona pueden ser bastante estresantes.
Iba a decir llegando a este punto que la chica era extranjera, no diré exactamente el país para no ofender a ninguna nacionalidad o Estado.
A lo que vamos, el primer día, cuando llegamos, era tarde. Justo cuando llegamos serían como las 8 de la tarde así que nada, cogimos y nos cambiamos y nos fuimos a cenar y luego de fiesta. Bien, hasta aquí bien, nada destacable o digno de mención.
Sin embargo, mi suerte se vería truncada, y según nos levantamos al día siguiente, nos volvemos a vestir y coge ella y se pone una pamela por sombrero. Yo inocente de mí, pensaba que se la ponía para hacer la coña y fuera, pero no.
No señor, decía que ese era su sombrero de vacaciones y no entendía por qué yo me estaba descojonando.
Yo por mi parte no me lo podía creer, no imaginaba que pretendía salir con eso a la calle.
Para que os hagais una idea, era algo así:
Más llamativo incluso porque tenía más colores en plan azul, rojo o fucsia ... era para verlo.
Así que nada, salimos a la calle y la gente se nos quedaba mirando. Una cosa es salir de fiesta
a las 3 de la mañana con una camiseta que ponga en el pecho algo así como "No me estas mirando a los ojos" si eres una chica claro y otra muy distinta es intentar entrar a un museo del arte mozárabe en la península ibérica a las 10 de la mañana con ese sombrero puesto.
Como a las 2 horas yo ya no podía más, tenía que hacer algo y creo que lo que hice fue lo que
cualquier persona en esa situación y sentido común hubiera hecho, paré al primer vendedor ambulante que me encontré y le compré el sombrero más hortera que tenía, para que os hagais una idea, algo así:
Cuando la chica me pidió explicaciones le dije que si ibamos a ir liandola para qué conformanos
con sólo un sombrero, y es que no es lo mismo ir al lado de una persona con un sombrero raro,
yendo tú normal, que ir con una alguien con un sombrero raro y tú con un sombrero aún más absurdo.
Además como mi sombrero era tipo cowboy pues lo acompañaba con movimientos y gestos típicos de un vaquero, hasta John Wayne hubiera estado orgulloso de haberme visto.
Después de que no nos dejaran entrar a ningún museo esa mañana y tampoco a ningún restaurante típico (comimos en un kebab) llegamos a un acuerdo: nada de sombreros.
Al final hasta me lo pasé bien.